sábado, 18 de abril de 2015

Límite de tres partido por ene: UN INTÉRPRETE DE GUERRA




Al mediodía del día primero, las tropas complejas habían hecho prisioneros por miles, y cientos de miles, y miles de miles. Nunca nadie ha visto tal pléyade numérica, en un caos abrumador. Conjuntos dispersos, tribus con su propia genealogía y su particular lenguaje, campaban por la vasta llanura de Weierstrass, en el entorno de las ruinas humeantes de la fortaleza Real.
A media tarde, Exponencial de uno partido por zeta, una función holomorfa,  al mando de la Sección de Singularidades Esenciales de la División de Logística, recibió en la pantalla de su intercomunicador el mensaje cifrado del Estado Mayor: “Organizar en tiempo finito, a la mayor brevedad, posible, un campo de prisioneros, in situ”.
En un par de días todo estaba perfectamente organizado, cada conjunto en un barracón con el correspondiente líder nativo, nombrado como interlocutor. En el ala Norte del campo, los enteros; al Sur, los racionales; en la nave de Poniente, los naturales; y hacia Levante, los sórdidos irracionales.
Cierto es que la suerte estuvo de su lado, cuando al llegar al lugar, topó con el pequeño Siffr, un viejo conocido del Departamento de Análisis Complejo, que en los tiempos previos a la Nueva Era, había ocupado el cargo de Subinspector de Singularidades Evitables y Polos, en el despacho adyacente al suyo. El ahora ex-subinspector, iba frenéticamente de aquí para allá, unas veces mediando entre un natural aturdido por los gritos incompresibles de un irracional, otras, explicando a un número negativo, lo que intentaba decirle un decimal periódico. Y es que Siffr dominaba todos los lenguajes numéricos, en parte por su naturaleza híbrida entre entero, y natural, en parte por su dilatada trayectoria confraternizando con toda clase de conjuntos. Venido a menos, al desatarse las hostilidades, y desmantelarse la estructura administrativa a la que el pertenecía, quedó en el bando real cuando empezó la última guerra, y por fín, atrapado en su centro de mando, había sido hecho prisionero como tantísimos otros.
La capacidad operativa y la eficiencia de la Exponencial de uno partido por zeta, era incuestionable, pero la intervención de Siffr como intérprete-traductor, fue decisiva para poner orden donde parecía imposible cualquier relación. El día tercero, a la puerta del campo, lucía un enorme letrero: CAMPO DE REFUGIADOS DEDEKIND. El nombre fue la concesión de los vencedores al colectivo cautivo.  

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